Chapeau Paquito!

Publicado en el Periòdic d’Andorra el jueves 16 de noviembre de 2006

ARTICLE PAQUIT(Traducción literal al castellano, por la autora, del artículo publicado en El Periòdic d’Andorra el 16-11-2006, con motivo del fallecimiento del esquiador olímpico español Paquito Fernandez Ochoa, como homenaje a su digna manera de dejar este mundo).

Con estas palabras me gustaría decir el último adiós al que fuera famoso esquiador español Paquito Fernandez Ochoa. Ya sé que la noticia tiene una semana de antigüedad, pero mis compromisos profesionales me han impedido escribir antes este artículo.

No lo conocía personalmente aunque, como todo el mundo, me alegré mucho cuando ganó la medalla de oro a los juegos olímpicos de Sapporo en 1972.

La cosa no habría ido más allá, si no fuera porque, con motivo de su defunción, TVE-1 emitió una entrevista con él, en los últimos tiempos, a propósito de su enfermedad. Y es a raíz de esto que escribo estas letras.

La actitud que Paquito adoptó ante el hecho ineluctable de su enfermedad y de ser -ciertamente- consciente de que se estaba acercando a la muerte, me pareció de una dignidad humana y de un valor como persona que, como médica, siento la necesidad de destacar.

En una sociedad como la nuestra – me refiero a la llamada cultura occidental– en la que lo que prima es una superficialidad cada vez más aterradora, con una creciente desculturización, donde se han dejado de lado valores como el sentido de la dignidad, la honorabilidad, el pudor, donde campan libremente -mal etiquetados de progreso o modernidad o derecho de información– la impudicia y la morbosidad, el acoso a la intimidad de las personas -sobre todo las que tienen una imagen pública- y también las que, sin tener ningún mérito personal por el cual merezcan ser conocidas, vomitan sus miserias – que deberían permanecer en la intimidad- a los medios basura; en una sociedad como esta, repito, donde se vive de espaldas a la muerte porque, en el fondo, se vive de espaldas a la vida, donde de los enfermos se hace -interesadamente- víctimas dignas de lástima, y de las enfermedades, monstruos quiméricos imposibles de afrontar, el testimonio vivencial de Paquito Fernandez Ochoa representa una ráfaga de aire fresco, una luz en la oscuridad.

Es ciertamente reconfortante comprobar que quedan personas con capacidad de positivizar las consideradas «desgracias de la vida» y ver qué enseñanza pueden extraer de aquello que les sucede, que saben amar, lo cual hace que, cuando la enfermedad aparece, en vez de preguntarse: «¿porqué a mi?» dicen: «mejor a mí que a ninguno de los míos» (tal y como hizo Paquito); que, en vez de vivir de dar lástima, se enfrentan -con todo el valor de que son capaces- a cada momento de la realidad que les ha tocado vivir, sabiendo que la vida se escurre pero considerando que es un don y que la vivirán hasta el último aliento. Naturalmente, hay momentos de todo tipo: de miedo, de angustia, de no sentirse con suficiente fuerza para continuar, de dolor, de lágrimas…momentos que se superan mejor si uno adopta la actitud positiva personal que ya hemos comentado pero también -importantísimo- si te acompañan con amor tus seres queridos: la familia, los amigos, los compañeros…(tal y como también le ha pasado a Paquito).

La entrevista a la que aludo me dejó un enorme sentimiento de admiración hacia el protagonista, su familia y su entorno, por la dignidad, el saber estar, el valor humano, la autenticidad de sentimientos, del Amor -con mayúsculas- que rezumaba y que, a mi entender, es el tesoro más preciado que podemos tener para siempre los humanos.

Creo que la mejor manera de de dejar este mundo es irse como lo ha hecho Paquito: llenos del Amor que a lo largo de la vida hemos dado y hemos recibido.

Paquito Fernandez  Ochoa profesionalmente llegó lejos, pero se ha superado a sí mismo con su digna manera de dejar este mundo. Por eso digo:¡ Chapeau, Paquito!

Àngels Codina

(Andorra 16-11-2006)

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