Complementarios no contrincantes

Publicado en: El Periòdic d’Andorra 05-12-2006
Traducción literal al español, por la autora. Dra. Àngels Codina
Artículo publicado en El Periòdic d’Andorra el 5-12-2006 con motivo del Dia Internacional contra la Violencia de Género».

El pasado sábado , día 25,fué el Dia Internacional contra la Violencia de Género. Dada la gravedad que representa esta situación, tras los reiterados toques de atención que, desde hace años, han ido dando diferentes colectivos: de mujeres -también con el apoyo de hombres sensibles- , los sanitarios, etcétera, parece que, finalmente, nos hemos puesto las pilas y se han empezado a tomar medidas. Desde aquí quiero felicitar a todas las personas que han dedicado- y dedican- esfuerzos a intentar hallar soluciones para un tema tan de suma importancia como es el que nos ocupa.

Si tenemos en cuenta la mayoría de opiniones que el día mencionado así como los siguientes se esgrimieron sobre este tema, parece que todo se reduce a pensar que la mujer es la víctima, los hijos -si los hay- también, aunque en grado menor, y el hombre es un indeseable energúmeno. Esto es así en el momento en que la situación estalla y, por tanto, las medidas que conviene tomar son las que se están tomando, además de las que se pide que se amplíen para afrontar la situación. Es como cuando se prende fuego, lo primero que se ha de hacer es apagarlo, pero después convendrá buscar la causa para evitar, a ser posible, que se repita.

Llegados a este punto -intentar averiguar la causa-, la cosa ya es diferente y no es tan simple como la visión mencionada más arriba. Si me permiten un ejemplo, utilizaré el archiconocido de un iceberg en que aquello que se ve es solamente una parte ridículamente pequeña respecto a lo que hay en realidad. Desde mi punto de vista, de manera general, hemos de considerar la violencia doméstica como la deriva más grave de lo que podríamos llamar patología relacional de la pareja, en la cual se han perdido todos los referentes de orden como, el respeto, el amor, etcétera, y se ha establecido una relación patológica violenta dominante/dominado al límite. En esta situación, en un porcentaje muy elevado, el agresor suele ser el hombre y la maltratada la mujer, pero no hemos de perder de vista que también existe el caso contrario, aunque, de momento, en un porcentaje muchísimo más pequeño. Este hecho, que es gravísimo, tal y como desafortunadamente vemos demasiado a menudo en la prensa, se agrava todavía más en el caso en que hay hijos -víctimas inocentes de todo-, que quedan gravemente traumatizados. Por eso es tan importante el hecho de que se haya elaborado un protocolo de acción urgente para estos casos.

Hasta aquí son los hechos objetivables y, por tanto, los más sencillos -entre comillas- de tratar. La cosa se complica infinitamente más cuando intentamos hallar el quid de la cuestión, con todo el valor, la honestidad y el conocimiento de que somos capaces y tratamos de analizar y relacionar todo el cúmulo de circunstáncias que intervienen en un determinado caso para reconducirlo en la medida que sea posible.

Conviene remarcar que cada caso es único, así como debemos tener en cuenta que el agresor es, a su vez,  un enfermo -víctima de sus propias circunstancias vitales- a menudo maltratado también en la infancia, que bordea la patología mental o -paradójicamente-  en algunos casos, inducido inconscientemente por el comportamiento de la pareja – a la cual no sabe cómo afrontar- y que -de manera primaria por el sustrato  patológico- no encuentra más salida que responder de una manera agresiva.

Lo que queda manifiesto es que, una vez superada la situación aguda, tanto el hombre como la mujer, entre otras cosas, habrán de enfrentarse a un proceso de autoanálisis – en los casos en que tengan la posibilidad y el valor de hacerlo- para averiguar las causas (algunas muy determinantes vemos que son, muchas veces, consecuencia de los mismos sistemas familiares de que provienen y que los han marcado de manera determinante en su inconsciente) que los han llevado a esta situación límite e intentar reconducirlos para ser capaces- cada uno- de comenzar una vida más sana y feliz.

Creo que, para ser justos, hemos de ver e intentar comprender a todos los implicados y no lo tenemos nada fácil, los médicos, los psicólogos, los jueces, los asistentes sociales, la policía…en fin, todos los profesionales que trabajamos en estos casos.

Afortunadamente pero, van surgiendo nuevas perspectivas terapéuticas, con incidencia en el inconsciente, que complementan las actuales y que abren una esperanza para intentar ayudar a resolver positivamente estas derivas relacionales hacia una relación sana entre hombres y mujeres que consiste en ser gozosamente complementarios y no contrincantes enfrentados.

 

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